El vudú

enero 29, 2013 by  
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De fuerte influencia africana, es un rito entre lo mágico y lo religioso que persiste en las zonas rurales. Tanto en la R.D. como en el país vecino, Haití, es posible asistir a un espectáculo de vudú.

Si se pretende ver en directo una ceremonia “auténtica”, habrá que ponerse en contacto con alguno de los grupos cerrados que ofician las ceremonias, fuera de los circuitos turísticos.

El origen del vudú hay que buscarlo en la época de la llegada de los primeros exclavos a Haití, pero las primeras alusiones escritas de esta religión se encuentran en el siglo XVIII, cuando estas prácticas empezaron a tomar arraigo. Los esclavos que arribaron a la R. Dominicana procedian de la costa africana de Guinea.

Por lo visto, entre aquellos exclavos llegaron sacerdotes que mantuvieron las creencias africanas como una forma de resistencia frente al explotador.

El ritual del vudú es muy complejo, en sus tres ramas principales: rada, congo, petro y tiene infinitas variantes dependiendo de quien lo oficia, el entorno y el objetivo último de la celebración.

Vudú significa Dios, espíritu. Durante el ritual se mezclan fuerzas de vivos y difuntos. Estas presencias sobrenaturales, denominadas “loas” habitan en otro plano, controlando y vigilando el mundo de los vivos. En cualquier momento pueden materializarse o incluso ocupar el cuerpo físico de una persona viva.

El origen del vudú es la creencia de que Papá-Dios, el gran maestro, cuando abandonó la Tierra creó unos seres inmateriales a los que concedió determinados poderes. El papel de estos seres es el de actuar de intermediarios entre Dios y los hombres.

Según sea la actitud de estos seres inmateriales se clasifican en loas, zagnes o angelitos. Dirigen el destino de los hombres desde el útero materno.

La religión católica perseguía a los practicantes del vudú, pero los más preocupados en su represión eran los dueños de las plantaciones. Los cimarrones, esclavos huídos, promovían la celebración de rituales, incitando a los esclavos cautivos a rebelarse contra sus amos. En caso de morir en la lucha su espíritu volvería a revivir en África.

El vudú entiende que el ser humano tiene dos almas: el gran ángel bueno y el pequeño ángel bueno. El gran ángel representa la experiencia, la personalidad y el intelecto. El pequeño la conciencia sobre sí mismo y el mundo exterior.

El vudú atribuye cualidades humanas a animales, plantas y minerales. Una persona, viva o muerta, se puede transformar una planta o un animal. Son los denominados “zombies”.

Los altares del cuerpo sacerdotal del vudú están en sus propias casas y habitualmente están rodeados de una mezcla de santos católicos, fetiches y elementos naturales.

Durante el ritual, el sonido variado de tambores y otros instrumentos propician la aparición del éxtasis al que sucumben gran parte de los seguidores de esta religión. Es un rito pintoresco, acompañado de conjuros del sacerdote y aderezado con pañuelos de vistoso colorido y baños rituales.

El oficiante, tras salir del trance, suele recetar pócimas y diversas hierbas para aliviar enfermedades.

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